El sector de la edificación sigue siendo una pieza clave dentro de la política climática europea, dado que consume cerca del 40 % de la energía y es responsable de más de un tercio de las emisiones de CO₂. Con un peso tan grande, no bastan pequeños cambios; debe producirse un cambio de rumbo en la manera en que se construyen, rehabilitan y habitan los edificios. El borrador del nuevo Código Técnico 2026 amplía la visión de lo que se considera sostenibilidad y se alinea con las peticiones de la EPBD.

Durante dos décadas, la Unión Europea ha ido construyendo un marco normativo cada vez más exigente, desde la EPBD de 2002 hasta la Directiva de 2024, pero el foco real ha sido casi siempre el mismo: reducir el consumo energético durante el uso del edificio. El Código Técnico de 2019 ya exigía que todos los edificios de nueva construcción fueran nZEB, mejorando así la eficiencia operativa, pero ignorando una parte enorme del problema: el impacto ambiental de construir.

Aportaciones del CTE 2026 respecto a la normativa anterior

Aquí es donde entra el Código Técnico de la Edificación 2026 (CTE). Por primera vez en este código, la sostenibilidad ya no se identifica solo con gastar menos energía, sino con reducir el impacto ambiental global a lo largo de todo el ciclo de vida del edificio. Los materiales, la fabricación, el transporte o la demolición ya no serán cuestiones secundarias a la hora de proyectar un edificio nuevo.

La creación del Documento Básico de Sostenibilidad Ambiental (DB-HSA) es, probablemente, la aportación más relevante de esta reforma. Especialmente, el HSA1, que introduce el Indicador del Potencial de Calentamiento Global (PCG). Este indicador obliga a cuantificar todas las emisiones asociadas al edificio, desde la extracción de materias primas hasta el final de su vida útil. Este es un cambio normativo y cultural importante: la eficiencia energética, por sí sola, deja de ser suficiente; no se podrá presentar como sostenible un edificio que consume poca energía si, al mismo tiempo, su construcción implica un carbono incorporado elevado.

Cabe señalar que, en primera instancia, se requerirá hacer el cálculo del PCG, pero hasta 2030 no habrá un límite obligatorio de este indicador. Por tanto, el sector cuenta aún con unos años para consolidar la metodología y aplicar la normativa correctamente.

La segunda gran novedad, el HSA2 sobre movilidad sostenible, responde también a una petición de la EPBD en la que se promueve la electromovilidad. Desde ahora, los puntos de recarga eléctrica y los espacios para bicicletas dejan de ser un extra y pasan a formar parte del equipamiento básico de cualquier edificio nuevo. Es una manera inteligente de atacar las emisiones indirectas asociadas a los edificios, que a menudo son tan importantes como las propias.

El CTE 2026 representa, por tanto, un paso claro hacia una visión más amplia de la sostenibilidad, donde el cálculo de las emisiones de carbono se amplía más allá del asociado al consumo energético. No obstante, también deja entrever cierto temor a incomodar al sector con una transición más gradual.

¿Cómo entendemos la edificación en Aiguasol?

En Aiguasol hace años que utilizamos el análisis del ciclo de vida (ACV) como una herramienta estratégica de proyecto y no tanto como un trámite finalista. Incorporar el impacto ambiental en las decisiones de diseño nos ha permitido optimizar soluciones constructivas desde fases iniciales del proyecto, demostrando que una edificación con menor huella de carbono es viable.

En este sentido, el nuevo enfoque del CTE no hace sino generalizar prácticas que ya se estaban aplicando en los proyectos más avanzados, a menudo impulsados por promotores comprometidos con la sostenibilidad o por la obtención de certificaciones como LEED, VERDE o BREEAM. La diferencia es que ahora estos estudios dejan de ser una elección voluntaria y pasan a formar parte de un marco común para todo el sector.

Desde nuestro punto de vista, el CTE 2026 apunta en la dirección correcta porque deja atrás una visión reduccionista de la sostenibilidad e incorpora, finalmente, el impacto ambiental global de los edificios y su relación con la movilidad. No es un simple ajuste normativo, sino un cambio de marco conceptual que conecta la edificación con los objetivos climáticos reales.

No obstante, el período hasta 2030, en el que solo será obligatorio calcular el ACV o el Potencial de Calentamiento Global sin límites vinculantes, revela una estrategia de transición prudente. Servirá para consolidar métodos, herramientas y capacidades técnicas en el sector, pero también permitirá seguir construyendo sin una restricción de emisiones incorporadas. La cuestión no es si el nuevo CTE es mejor que el anterior, sino si llega con la velocidad y la ambición que exige el reto.

Fijar límites para los edificios nuevos es necesario, pero probablemente insuficiente; el verdadero desafío sigue siendo un parque edificatorio envejecido. La pregunta clave va más allá de qué límites se impondrán: es quién y cómo financiará la transformación masiva que esto exigirá. ¿Estamos preparados, como sociedad, para asumir este coste y esta responsabilidad?

Aplicación del ACV en Infinito Delicias, un proyecto estratégico de Husos and Elii + Ultrazul + Fundación Daniel y Nina Carasso. Proyecto ganador HOLCIM 2023.

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